Dejo aqui, mis gritos en silencio. mi mundo interno. mi lucha constante por alcanzar y vivir un amor que nunca tendré. cada palabra, cada lágrima derramada ha salido de mi alma y deseo dejarlas aqui.
sábado, 3 de abril de 2010
Domingo de resurrección... Alegria para los que tenemos Fé..
Hoy la Iglesia, llena de alegría, exclama: éste es el día que ha hecho el Señor: ¡gocémonos y alegrémonos en él! Grito de júbilo que se prolongará durante cincuenta días, a lo largo del tiempo pascual, como un eco de las palabras de San Pablo: puesto que ustedes han resucitado con Cristo, busquen los bienes de arriba, donde está Cristo sentado a la derecha de Dios. Pongan todo el corazón en los bienes del cielo, no en los de la tierra; porque han muerto y su vida está escondida con Cristo en Dios.
Es lógico pensar -y así lo considera la Tradición de la Iglesia- que Jesucristo, una vez resucitado, se apareció en primer lugar a su Santísima Madre. El hecho de que no aparezca en los relatos evangélicos, con las otras mujeres, es -como señala Juan Pablo II- un indicio de que Nuestra Señora ya se había encontrado con Jesús. «Esta deducción quedaría confirmada también -añade el Papa- por el dato de que las primeras testigos de la resurrección, por voluntad de Jesús, fueron las mujeres, las cuales permanecieron fieles al pie la Cruz y, por tanto, más firmes en la fe. Sólo María había conservado plenamente la fe, durante las horas amargas de la Pasión; por eso resulta natural que el Señor se apareciera a Ella en primer lugar.
Hemos de permanecer siempre junto a la Virgen, pero más aún en el tiempo de Pascua, y aprender de Ella. ¡Con qué ansias había esperado la Resurrección! Sabía que Jesús había venido a salvar al mundo y que, por tanto, debía padecer y morir; pero también conocía que no podía quedar sujeto a la muerte, porque Él es la Vida.
Una buena forma de vivir la Pascua consiste en esforzarnos por hacer partícipes de la vida de Cristo a los demás, cumpliendo con primor el mandamiento nuevo de la caridad, que el Señor nos dio la víspera de su Pasión: en esto conocerán todos que sois mis discípulos, si os tenéis amor unos a otros. Cristo resucitado nos lo repite ahora a cada uno. Nos dice: ámense de verdad unos a otros, esfuércense todos los días por servir a los demás, estén pendientes de los detalles más pequeños, para hacer la vida agradable a los que conviven con ustedes.
Pero volvamos al encuentro de Jesús con su Santísima Madre. ¡Qué contenta estaría la Virgen, al contemplar aquella Humanidad Santísima -carne de su carne y vida de su vida- plenamente glorificada! Pidámosle que nos enseñe a sacrificarnos por los demás sin hacernos notar, sin esperar que nos den las gracias: que tengamos hambre de pasar inadvertidos, para así poseer la vida de Dios y comunicarla a otros. Hoy le dirigimos el Regina Caeli, saludo propio del tiempo pascual.
Alégrate, Reina del cielo, aleluya. /
Porque el que mereciste llevar en tu seno, aleluya. /
Ha resucitado según predijo, aleluya. /
Ruega a Dios por nosotros, aleluya. /
Gózate y alégrate, Virgen María, aleluya. /
Porque el Señor ha resucitado verdaderamente, aleluya.
Es lógico pensar -y así lo considera la Tradición de la Iglesia- que Jesucristo, una vez resucitado, se apareció en primer lugar a su Santísima Madre. El hecho de que no aparezca en los relatos evangélicos, con las otras mujeres, es -como señala Juan Pablo II- un indicio de que Nuestra Señora ya se había encontrado con Jesús. «Esta deducción quedaría confirmada también -añade el Papa- por el dato de que las primeras testigos de la resurrección, por voluntad de Jesús, fueron las mujeres, las cuales permanecieron fieles al pie la Cruz y, por tanto, más firmes en la fe. Sólo María había conservado plenamente la fe, durante las horas amargas de la Pasión; por eso resulta natural que el Señor se apareciera a Ella en primer lugar.
Hemos de permanecer siempre junto a la Virgen, pero más aún en el tiempo de Pascua, y aprender de Ella. ¡Con qué ansias había esperado la Resurrección! Sabía que Jesús había venido a salvar al mundo y que, por tanto, debía padecer y morir; pero también conocía que no podía quedar sujeto a la muerte, porque Él es la Vida.
Una buena forma de vivir la Pascua consiste en esforzarnos por hacer partícipes de la vida de Cristo a los demás, cumpliendo con primor el mandamiento nuevo de la caridad, que el Señor nos dio la víspera de su Pasión: en esto conocerán todos que sois mis discípulos, si os tenéis amor unos a otros. Cristo resucitado nos lo repite ahora a cada uno. Nos dice: ámense de verdad unos a otros, esfuércense todos los días por servir a los demás, estén pendientes de los detalles más pequeños, para hacer la vida agradable a los que conviven con ustedes.
Pero volvamos al encuentro de Jesús con su Santísima Madre. ¡Qué contenta estaría la Virgen, al contemplar aquella Humanidad Santísima -carne de su carne y vida de su vida- plenamente glorificada! Pidámosle que nos enseñe a sacrificarnos por los demás sin hacernos notar, sin esperar que nos den las gracias: que tengamos hambre de pasar inadvertidos, para así poseer la vida de Dios y comunicarla a otros. Hoy le dirigimos el Regina Caeli, saludo propio del tiempo pascual.
Alégrate, Reina del cielo, aleluya. /
Porque el que mereciste llevar en tu seno, aleluya. /
Ha resucitado según predijo, aleluya. /
Ruega a Dios por nosotros, aleluya. /
Gózate y alégrate, Virgen María, aleluya. /
Porque el Señor ha resucitado verdaderamente, aleluya.
PETICION
En medio de la alegría por la resurrección de Jesucristo, debemos esperar siempre el encontrarle, el hablarle... Esperar a Cristo, motor de nuestra fidelidad. Alégrame por la resurrección de Cristo, por su victoria sobre el mundo, sobre el mal, sobre la muerte. Yo también he resucitado con Él.
REFLEXION
"Entonces de todas la tumbas esparcidas por los continentes de nuestro planeta, hay una en la que el Hijo de Dios, el hombre Jesucristo, ha vencido a la muerte. El árbol de la vida del que el hombre fue alejado por su pecado, se ha revelado nuevamente a los hombres en el cuerpo de Cristo. Aunque se multipliquen siempre las tumbas en nuestro planeta, aunque crezca el cementerio en el que el hombre surgido del polvo retorna al polvo, todos los hombres que contemplan el sepulcro de Jesucristo viven en la esperanza de la resurrección"
(Karol Wojtyla. "Signo de Contradición".)
Sabado Santo. Momento de reflexión..
Hoy es un día de silencio en la Iglesia: Cristo yace en el sepulcro y la Iglesia medita, admirada, lo que ha hecho por nosotros este Señor nuestro. Guarda silencio para aprender del Maestro, al contemplar su cuerpo destrozado.
Cada uno de nosotros puede y debe unirse al silencio de la Iglesia. Y al considerar que somos responsables de esa muerte, nos esforzaremos para que guarden silencio nuestras pasiones, nuestras rebeldías, todo lo que nos aparte de Dios. Pero sin estar meramente pasivos: es una gracia que Dios nos concede cuando se la pedimos delante del Cuerpo muerto de su Hijo, cuando nos empeñamos por quitar de nuestra vida todo lo que nos aleje de Él.
El Sábado Santo no es una jornada triste. El Señor ha vencido al demonio y al pecado, y dentro de pocas horas vencerá también a la muerte con su gloriosa Resurrección. Nos ha reconciliado con el Padre celestial: ¡ya somos hijos de Dios! Es necesario que hagamos propósitos de agradecimiento, que tengamos la seguridad de que superaremos todos los obstáculos, sean del tipo que sean, si nos mantenemos bien unidos a Jesús por la oración y los sacramentos.
El mundo tiene hambre de Dios, aunque muchas veces no lo sabe. La gente está deseando que se le hable de esta realidad gozosa -el encuentro con el Señor. Tengamos la valentía de aquellos dos hombres -Nicodemo y José de Arimatea-, que durante la vida de Jesucristo mostraban respetos humanos, pero que en el momento definitivo se atreven a pedir a Pilatos el cuerpo muerto de Jesús, para darle sepultura. O la de aquellas mujeres santas que, cuando Cristo es ya un cadáver, compran aromas y acuden a embalsamarle, sin tener miedo de los soldados que custodian el sepulcro.
A la hora de la desbandada general, cuando todo el mundo se ha sentido con derecho a insultar, reírse y mofarse de Jesús, ellos van a decir: dadnos ese Cuerpo, que nos pertenece. ¡Con qué cuidado lo bajarían de la Cruz e irían mirando sus Llagas! Pidamos perdón y digamos: yo subiré con ellos al pie de la Cruz, me apretaré al Cuerpo frío, cadáver de Cristo, con el fuego de mi amor..., lo desclavaré con mis desagravios y mortificaciones..., lo envolveré con el lienzo de mi vida limpia, y lo enterraré en mi pecho de roca viva, de donde nadie me lo podrá arrancar, ¡y ahí, Señor, descansad!
Se comprende que pusiesen el cuerpo muerto del Hijo en brazos de la Madre, antes de darle sepultura. María era la única criatura capaz de decirle que entiende perfectamente su Amor por los hombres, pues no ha sido Ella causa de esos dolores. La Virgen Purísima habla por nosotros; pero habla para hacernos reaccionar, para que experimentemos su dolor, hecho una sola cosa con el dolor de Cristo.
Es necesario que esta Semana Santa -y luego todos los días- sea para nosotros un salto de calidad, un decirle al Señor que se meta totalmente en nuestras vidas. Es preciso comunicar a muchas personas la Vida nueva que Jesucristo nos ha conseguido con la Redención.
Acudamos a Santa María: Virgen de la Soledad, Madre de Dios y Madre nuestra, ayúdanos a comprender que es preciso hacer vida nuestra la vida y la muerte de Cristo. Morir por la mortificación y la penitencia, para que Cristo viva en nosotros por el Amor. Y seguir entonces los pasos de Cristo, con afán de corredimir a todas las almas. Dar la vida por los demás. Sólo así se vive la vida de Jesucristo y nos hacemos una sola cosa con Él.
Cada uno de nosotros puede y debe unirse al silencio de la Iglesia. Y al considerar que somos responsables de esa muerte, nos esforzaremos para que guarden silencio nuestras pasiones, nuestras rebeldías, todo lo que nos aparte de Dios. Pero sin estar meramente pasivos: es una gracia que Dios nos concede cuando se la pedimos delante del Cuerpo muerto de su Hijo, cuando nos empeñamos por quitar de nuestra vida todo lo que nos aleje de Él.
El Sábado Santo no es una jornada triste. El Señor ha vencido al demonio y al pecado, y dentro de pocas horas vencerá también a la muerte con su gloriosa Resurrección. Nos ha reconciliado con el Padre celestial: ¡ya somos hijos de Dios! Es necesario que hagamos propósitos de agradecimiento, que tengamos la seguridad de que superaremos todos los obstáculos, sean del tipo que sean, si nos mantenemos bien unidos a Jesús por la oración y los sacramentos.
El mundo tiene hambre de Dios, aunque muchas veces no lo sabe. La gente está deseando que se le hable de esta realidad gozosa -el encuentro con el Señor. Tengamos la valentía de aquellos dos hombres -Nicodemo y José de Arimatea-, que durante la vida de Jesucristo mostraban respetos humanos, pero que en el momento definitivo se atreven a pedir a Pilatos el cuerpo muerto de Jesús, para darle sepultura. O la de aquellas mujeres santas que, cuando Cristo es ya un cadáver, compran aromas y acuden a embalsamarle, sin tener miedo de los soldados que custodian el sepulcro.
A la hora de la desbandada general, cuando todo el mundo se ha sentido con derecho a insultar, reírse y mofarse de Jesús, ellos van a decir: dadnos ese Cuerpo, que nos pertenece. ¡Con qué cuidado lo bajarían de la Cruz e irían mirando sus Llagas! Pidamos perdón y digamos: yo subiré con ellos al pie de la Cruz, me apretaré al Cuerpo frío, cadáver de Cristo, con el fuego de mi amor..., lo desclavaré con mis desagravios y mortificaciones..., lo envolveré con el lienzo de mi vida limpia, y lo enterraré en mi pecho de roca viva, de donde nadie me lo podrá arrancar, ¡y ahí, Señor, descansad!
Se comprende que pusiesen el cuerpo muerto del Hijo en brazos de la Madre, antes de darle sepultura. María era la única criatura capaz de decirle que entiende perfectamente su Amor por los hombres, pues no ha sido Ella causa de esos dolores. La Virgen Purísima habla por nosotros; pero habla para hacernos reaccionar, para que experimentemos su dolor, hecho una sola cosa con el dolor de Cristo.
Es necesario que esta Semana Santa -y luego todos los días- sea para nosotros un salto de calidad, un decirle al Señor que se meta totalmente en nuestras vidas. Es preciso comunicar a muchas personas la Vida nueva que Jesucristo nos ha conseguido con la Redención.
Acudamos a Santa María: Virgen de la Soledad, Madre de Dios y Madre nuestra, ayúdanos a comprender que es preciso hacer vida nuestra la vida y la muerte de Cristo. Morir por la mortificación y la penitencia, para que Cristo viva en nosotros por el Amor. Y seguir entonces los pasos de Cristo, con afán de corredimir a todas las almas. Dar la vida por los demás. Sólo así se vive la vida de Jesucristo y nos hacemos una sola cosa con Él.
SABADO SANTO
"La Cruz que meditamos ahora en Semana Santa es también el misterio de nuestra confianza y nuestra grandeza, porque Cristo ha querido acercar a ella nuestro dolor y nuestras lágrimas. Y así, al morir y sepultarnos con Él por nuestra fe y nuestro amor, al entregarle a aquellos que somos sin condiciones, es cuando nuestra existencia pobre y débil, se transfigura y resucita con Él".
PETICION
María, Madre mía, ayúdame a vivir siempre con el alma abierta a cuanto Dios quiera pedirme, que mi mayor ilusión sea cooperar con Dios en su obra. Que experimente la alegría del dar y del darme; del vivir abierto a las necesidades de los demás. que no sea una persona indiferente ante las tribulaciones que nos aquejan.
REFLEXION.
La Linterna
Alberto adquirió el compromiso de ser el encargado en su pueblo de pararse cada noche cerca de cruce de tren con la carretera.. y llevar consigo una linterna de tal manera que pudiese alertar a los conductores que pasaban por alli y asi evitar un choque catastrófico.! Una noche muy oscura se percató de que el tren estaba próximo a la intersección, se levanto de su silla, agarró su linterna y corrió tan rápido como pudo.
Al llegar a la carretera, observó un auto que se acercaba a toda velocidad, levató su mano sosteniendo fuertemante la linterna y empezó a moverla lentamente de un lado al otro, el conductor parecía no disminuir la velocidad, a lo que alberto reaccionó moviendo su linterna un poco más rápido, su esfuerzo parecía inútil el auto se aproximaba al cruce donde el tren de 100 vagones cruzaba con fuerza.
Alberto empezó a brincar y a mover su linterna con tanta fuerza que le dolía su brazo mientras su desespero parecía de nunca acabar, el auto aumentaba su velocidad, el accidente era inevitable. El auto paso por su lado como si no lo hubiera visto, y se estrelló contra el tren con tanta fuerza que quedo reducido a pedacitos, fue una catástrofe atroz, todo el pueblo se levantó y corrió al lugar de tan terrile accidente.
Al llegar a lugar, Alberto decía: "hice todo lo que pude, por mas fuerte que balanceaba mi linterna fue imposible que el conductor me viera".
A lo que un lugareño le respondió: mientras caminaba por aquí lo observé todo, si es cierto que usted hizo un esfuerzo muy grande,
¡Pero, olvidó encender su linterna.!
....Muchas veces tenemos toda la buena intención de mostrarles a otros el amor de Dios, pero si olvidamos encender nuestras linternas y ser luz, pasarán por nuestro lado y se estrellarán con los trenes de la vida..
Al llegar a la carretera, observó un auto que se acercaba a toda velocidad, levató su mano sosteniendo fuertemante la linterna y empezó a moverla lentamente de un lado al otro, el conductor parecía no disminuir la velocidad, a lo que alberto reaccionó moviendo su linterna un poco más rápido, su esfuerzo parecía inútil el auto se aproximaba al cruce donde el tren de 100 vagones cruzaba con fuerza.
Alberto empezó a brincar y a mover su linterna con tanta fuerza que le dolía su brazo mientras su desespero parecía de nunca acabar, el auto aumentaba su velocidad, el accidente era inevitable. El auto paso por su lado como si no lo hubiera visto, y se estrelló contra el tren con tanta fuerza que quedo reducido a pedacitos, fue una catástrofe atroz, todo el pueblo se levantó y corrió al lugar de tan terrile accidente.
Al llegar a lugar, Alberto decía: "hice todo lo que pude, por mas fuerte que balanceaba mi linterna fue imposible que el conductor me viera".
A lo que un lugareño le respondió: mientras caminaba por aquí lo observé todo, si es cierto que usted hizo un esfuerzo muy grande,
¡Pero, olvidó encender su linterna.!
....Muchas veces tenemos toda la buena intención de mostrarles a otros el amor de Dios, pero si olvidamos encender nuestras linternas y ser luz, pasarán por nuestro lado y se estrellarán con los trenes de la vida..
NOCHE DE VIGILIA
"Jesús mío, ayúdame a esparcir tu fragancia dondequiera que yo vaya, inunda mi alma con tu Espíritu y tu Vida; penetra en todo mi ser y toma posesión de tal manera, que mi vida no sea en adelante sino una irradiación de la tuya.
Quédate en mi corazón con una unión tan íntima, que las almas que tengan contacto con la mía, puedan sentir en mí tu presencia y que, al mirarme, olviden que yo existo y no piensen sino en Ti.
Quédate conmigo. Así podré convertirme en luz para los otros.
Esa luz, vendrá de Ti; ni uno solo de sus rayos será mío: yo te serviré apenas de instrumento para que Tú ilumines a las almas a través de mí.
Déjame alabarte en la forma que es más agradable, llevando mi lámpara encendida para disipar las sombras en el camino de otras almas.
Déjame predicar tu Nombre con palabras o sin ellas, tu busca el medio... Con mi ejemplo, con la fuerza de tu atracción, con la sobrenatural influencia evidentemente del amor que mi corazón siente por Ti."
"Jesús mío, ayúdame a esparcir tu fragancia dondequiera que yo vaya, inunda mi alma con tu Espíritu y tu Vida; penetra en todo mi ser y toma posesión de tal manera, que mi vida no sea en adelante sino una irradiación de la tuya.
Quédate en mi corazón con una unión tan íntima, que las almas que tengan contacto con la mía, puedan sentir en mí tu presencia y que, al mirarme, olviden que yo existo y no piensen sino en Ti.
Quédate conmigo. Así podré convertirme en luz para los otros.
Esa luz, vendrá de Ti; ni uno solo de sus rayos será mío: yo te serviré apenas de instrumento para que Tú ilumines a las almas a través de mí.
Déjame alabarte en la forma que es más agradable, llevando mi lámpara encendida para disipar las sombras en el camino de otras almas.
Déjame predicar tu Nombre con palabras o sin ellas, tu busca el medio... Con mi ejemplo, con la fuerza de tu atracción, con la sobrenatural influencia evidentemente del amor que mi corazón siente por Ti."
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